quinta-feira, 24 de janeiro de 2013

O efeito de placebo

Quero deixar claro que eu não acredito que a homeopatia é científica. Mas também não acredito em mentir e simplificar as coisas a ponto de fazer caricaturas para melhor ganhar uma causa política, que de científica não tem coisa alguma.

Quando se afirma que a homeopatia tem um mero efeito de placebo, mente-se porque as pessoas comuns vão pensar que o efeito de placebo (uma palavra estranha que elas nem conhecem sem explicações) é efeito nenhum. Mas não é. O efeito de placebo é algo que sabemos que existe e que temos em conta quando fazemos testes clínicos de novas drogas e tratamentos. O efeito de placebo é que se dermos comprimidos de açúcar às pessoas, dizendo que é um remédio muito bom, uma percentagem não negligenciável de pessoas tem melhoras significativas. Por isso, temos de fazer os testes clínicos de modo a excluir o mero efeito de placebo. A acusação feita à homeopatia não é, pois, que não tem efeito algum, mas antes que não tem mais efeito do que qualquer outra coisa inócua. O problema é que as coisas inócuas têm realmente efeito, e é muito difícil explicá-lo.

Um investigador que tem procurado compreender melhor o efeito de placebo é Ted Kaptchuk, da Escola de Medicina de Harvard. Veja-se aqui um interessante artigo sobre o caso. O resultado mais surpreendente dos testes clínicos conduzidos por ele é o facto de o efeito de placebo continuar a funcionar (as pessoas melhoram) mesmo que os comprimidos que tomam tenham um rótulo a dizer PLACEBO PILLS (comprimidos de placebo) e que lhes tenham explicado o que é o efeito de placebo.

El derecho a disponer del término de la vida

A "educação" além de se distinguir de "instrumentalização" faculta a sua identificação, permite perceber os seus contornos e, desejavelmente, fazer-lhe face. José Maria Quintana Cabanas, um dos mais importantes pedagogos espanhóis da actualidade, tem insistido nesta ideia. O texto que se segue constitui um valioso contributo para que a ideia linear de se pôr fim à vida humana por razões economicistas não passe, como tantas outras ideias instrumentalizadoras, para os bancos da escola.

"Vamos a distinguir aquí tres casos, que no tienen exactamente las mismas connotaciones, aun cuando tienen evidentes puntos de contacto (…).

El suicidio

A algunos les parece que el suicidio no puede revestir mucha gravedad, dado que uno no perjudica a nadie sino sólo a sí mismo, y admitiendo que “mi cuerpo es mío y de él puedo hacer lo que quiera”... Esta óptica viene alentada por aquella concepción de la ética, tan preponderante hoy día, según la cual los preceptos morales los construyen los grupos sociales por consenso, de un modo dialógico, y no tienen otra finalidad que asegurar la práctica de la justicia, es decir, el garantizarse a todos el que sean respetados sus derechos individuales.

Es la moral social, como única forma de moral (…). Con este tipo de moral constructivista, claro está, poco hay que decir sobre el suicidio, que no sería cuestión de moral. A esta misma conclusión se llega desde la ética “de la responsabilidad”, de que habla Max Scheler, y que viene a ser lo mismo: la moralidad estriba sólo en ser positivamente responsable, es decir, abstenerse de que los actos del sujeto puedan dañar a otros. No hay, pues, actos buenos o malos en sí mismos (será malo matar a otro, pero no matarse a sí propio). Ya se adivina que esta teoría viene a coincidir con la ética «consecuencialista» (…).

Ahora bien, el mismo Scheler explica que, junto a esa ética, hay también otra diferente, a saber, la ética “de la convicción” (o “de la decisión”…), en dependencia de la idea que uno tiene de la moral, admitiendo la moralidad intrínseca de los actos mismos, aun aparte de sus consecuencias. Este último punto de vista es también el de la moral tradicional, según la cual dice M. Vidal (1991c, p. 422) objetivamente hablando “el suicidio aparece como una opción claramente negativa al colocarlo dentro de un horizonte de preferencias humanas y humanizadoras”, por varios motivos y en varios aspectos.

Es más: el suicidio es moralmente incluso peor y más grave que el homicidio. Esta sorprendente afirmación se basa en el hecho de que, para un individuo, su propia vida es un bien superior a la vida ajena (y por eso existe la norma moral de que uno puede matar en defensa propia). Así pues, si el homicidio es horrible, el suicidio, en teoría, ha de serlo todavía más. Todos sabemos que, en la mayoría de los casos, el suicidio constituye un acto poco consciente y responsable. Ahora bien, hay un caso en que el sujeto actúa conscientemente, pero hallándose asistido de motivos al parecer tan razonables y de unas circunstancias tales que suprimirían en su acto el carácter de ser moralmente negativo.

Es el caso de cuando el sujeto se ve, por ejemplo, acosado de una enfermedad terminal y, creyendo más ventajoso adelantar el momento de su muerte, decide hacerlo. Es la ortotanasia, que ahora vamos a comentar.

La ortotanasia

La ortotanasia consiste en la decisión que el sujeto mismo toma con respecto a las circunstancias que desea, como mejores, para su propia muerte natural, en cuyo proceso, de algún modo, ya ha entrado. Estas peculiaridades distinguen la ortotanasia (o “muerte correcta”) del suicidio, en el cual la muerte es totalmente artificial y biológicamente descontextualizada. La ortotanasia, defendida por varios, y relacionada en cierto modo con la eutanasia, con la cual la unen consideraciones comunes, y no exentas de buen sentido, constituye un actual objeto de debate. Defienden la ortotanasia personas razonables, como S, Paniker, el cual incluso ha fundado una asociación para explicar y difundir esas ideas.

Pero nosotros vamos a exponer aquí la teoría de J. Rubio, el cual, en su libro Ética constructiva y autonomía personal (1992), habla del derecho de la persona a una «autonomía para morir», que él llama “autonomotanasia”, basada en la libre disposición del individuo sobre las condiciones y circunstancias de la propia muerte. Aduce, en defensa de este derecho “inalienable”, precedentes en la historia humana cultural, como los hay en la antigua Roma. Se trata del “derecho humano a elegir la propia muerte de forma responsable y solidaria” (p. 297), derecho que ha de ser reivindicado dice frente a los tabúes vehiculados por la religión, a las leyes del Estado y a la resistencia de los médicos a colaborar en esos actos (y colaborando, en cambio, en prolongar la vida a veces en unas circunstancias tan onerosas como desesperadas: es la “distanasia”).

Se trata – dice – de superar o diseñar una nueva cultura de la muerte, por la cual la persona madura y consciente decide sobre el fin de su vida, de un modo personalmente responsable (en congruencia con el proyecto de vida que ha ido desarrollando) y teniendo la debida solidaridad con los demás y coherencia con las propias creencias y sentido de la vida. (…). J. Rubio entiende que “la autonomía moral para morir, como continuación y culminación de la autonomía moral para vivir», es un «derecho humano fundamental” (p. 307).

Podríamos hacer aquí algunas reflexiones, que también valdrán para el caso de la eutanasia. Desde instancias religiosas se recuerda, razonablemente, que el hombre no es dueño de su vida, sino solo un depositario de la misma, de modo que carece de un derecho absoluto sobre ella. La vida sería un medio que se le proporciona para que así pueda realizar unos valores superiores, que serían el fin de su vida, de la cual no podrá disponer, pues, como le plazca. Esta misma concepción puede defenderse también desde un simple humanismo.

En todo caso parece claro que la vida constituye un valor humano superior a otros como pueden ser el bienestar, el goce y hasta la propia felicidad, de tal manera que constituiría una inversión de valores (es decir, un acto inmoral) el posponer la vida a esos valores.

La eutanasia

Con respecto a lo anterior también suele decirse que la vida es un bien superior a la “calidad de vida”, y este principio es el que haría inmoral tanto la eutanasia como la ortotanasia, las cuales quieren fundarse precisamente en una prioridad de la calidad de vida como valor, cosa que parece muy cuestionable. Los contrarios a la eutanasia suelen invocar, aparte motivos religiosos, el de que la muerte constituye un proceso natural, y no es lícito torcer el curso de la naturaleza en asuntos tan graves, erigiéndose uno en señor de la vida y de la muerte (y de la de los demás).

Los otros argumentarán que la naturaleza no siempre actúa bien, y precisamente ahí está la razón humana para corregir la naturaleza y, así, conseguir algo mejor. Dice M. Vidal (1991c, p.507) que la cuestión es compleja porque se trata de respetar y conjugar no un solo valor, sino estos dos: 1.º el respeto a la vida humana, y 2.º el derecho a morir dignamente. La eutanasia no realiza el primero, y la distanasia (o prolongación artificial y exagerada de la vida usando adelantos médicos) no realiza el segundo; lo que realiza ambos es la “ortotanasia” (pero tomada no en el sentido que antes hemos visto, sino en el que acabamos de decir).

A menudo se presenta la eutanasia como una forma de humanismo y, bien entendida, puede muy bien serlo. El peligro está en que se deshumanice, por los abusos a que muy fácilmente puede dar lugar. Aparte de que conviene profesar una doctrina antropológica de valoración del dolor, como elevador del alma y purificador de la misma, que debe ser muy tenida en cuenta, aun en un plano simplemente humanista. La evitación de todo dolor y de toda molestia, tanto por parte del propio paciente como de quienes lo cuidan, se sale de los esquemas de una vida íntegra y digna.

No se trata de ser mártir ni de hacer mártires, pero tampoco de rehuir cobarde o egoístamente la prueba del dolor, que acrisola las almas. El otro punto de vista, el que defiende la eutanasia y el derecho a decidir sobre la propia muerte, descansa sobre un concepto de libertad omnímoda, en que el sujeto humano decide más allá de la naturaleza y de los valores.

Por eso J.M.ª Barrio (1996, p. 275) dice que “este concepto prometeico de libertad humana responde a las exigencias de un discurso más retórico que teórico”, pues “un pleno dominio sobre sí, excluyente de cualquier cortapisa, es una ilusión de libertad”, que desconoce el sufrimiento, el cual, si bien puede destruir al hombre, puede también enriquecerle profundamente, pues “sufrir es elevar un acontecimiento meramente biológico a una categoría moral superior” (p. 277)."
José Maria Quintana Cabanas

Extracto do capítulo Pretendidos derechos humanos que no son tales, incluído no livro Educação, Perspectivas e Desafios, da autoria de J. Boavida, M. Formosinho e H. Damião (pp. 77-99), recentemente publicado pela Imprensa da Universidade de Coimbra, e a ao qual faremos referência brevemente.
João Boavida

O facebook não é o café do bairro

A nova ferramenta de pesquisa do Facebook Graph permite fazer pesquisas com base nos dados introduzidos pelos utilizadores na rede social. Como explica o jornalista António Granado no sítio da RTP:
É agora possível encontrar com uma pesquisa simples "pessoas que vivem na Figueira da Foz e gostam de Nesquick", "mulheres que vivem em Cascais e gostam de Chanel", "empregadores de pessoas que gostam de Maçonaria" ou ainda "pessoas que trabalham no Porto e gostam de smart drugs".
Nesta compilação do tumblr, podemos encontrar resultados de pesquisas reais tais como "mães de judeus que gostam de bacon", "Pessoas casadas que gostam de prostitutas", "Homens islâmicos interessados em homens que vivem em Teerão" ou "Familiares de pessoas que vivem na China e gostam de Falun Gong".


A nova ferramenta ainda só está disponível para alguns utilizadores, para ser um deles é necessário fazer uma inscrição numa lista de espera. Essa espera é uma óptima oportunidade para rever as configurações de segurança e informações pessoais que cada um partilha no facebook.

Prever o futuro ou construí-lo?





José Goldemberg - Artigo:Prever o futuro ou construí-lo?
Publicado no Jornal O Estado de S.Paulo em 21/01/2013.

Tentar prever o futuro parecer ser uma das características inatas dos seres humanos, principalmente em tempos de crise. No passado distante, a evidente vulnerabilidade dos nossos antepassados diante de catástrofes naturais os levava desesperadamente aos líderes religiosos, à procura de consolo e esperança no porvir. Na Bíblia os profetas têm um papel preponderante.

No auge da civilização grega, há 2.500 anos, ganharam grande evidência as profecias das pitonisas de Delfos. No Templo de Apolo as sacerdotisas faziam suas previsões em transes provocados por gases emitidos por fendas subterrâneas, situadas abaixo do templo. Frequentemente os vaticínios eram dúbios e confusos, mas interpretados pelos interessados de modo a confirmarem suas próprias convicções e expectativas.

Nos dias atuais, um exercício realizado frequentemente por algumas revistas científicas é também fazer previsões. As mais conhecidas são as da Scientific American, que há 167 anos publica trabalhos dos melhores cientistas em todos os campos do conhecimento. Isso dá à publicação certa credibilidade em prever o futuro, uma vez que, segundo seus editores, "um passado forte é uma base boa para olhar o futuro".

A revista acredita que suas "previsões" ou "projeções", baseadas em ciência, têm mais credibilidade que as visões das sacerdotisas de Delfos, que diziam muito mais sobre o destino dos homens, seus sucessos e fracassos, do que sobre desenvolvimento técnicos.

Isto é o que a Scientific American, em sua edição de janeiro, faz: formula uma série de previsões provocativas e as perspectivas de que se realizem. Exemplos dessas previsões: haverá carros voadores no futuro? Armas nucleares serão eliminadas? O aquecimento da Terra será evitado usando as tecnologias que conhecemos? A engenharia genética eliminará doenças? Poderemos transportar nossa civilização para outros planetas numa "arca", como fez Noé, conforme a Bíblia

A revista não discute o futuro da energia, mas é possível fazer previsões do que vai acontecer nessa área para garantir a produção energética de que a humanidade vai necessitar nas próximas décadas. Em nível mundial, nos dias de hoje, combustíveis fósseis (carvão mineral, gás natural e petróleo) representam mais de 80% de toda a energia que consumimos. Essa é uma situação que não pode durar muito tempo. As reservas de combustíveis fósseis são grandes, mas finitas. Ao que sabemos, cerca da metade desses recursos já foi usada. A metade restante ainda vai durar muitos anos, mas está distribuída de forma geográfica muito irregular. Algumas regiões são muito bem dotadas, como o Oriente Médio, mas em geral a situação não é boa.

Além disso, a qualidade das reservas está mudando e novas tecnologias serão necessárias para usá-las. O desenvolvimento dessas tecnologias é uma direção em que podemos trabalhar para garantir o futuro. É o caso, por exemplo, do pré-sal no Brasil, para a produção de petróleo, ou do gás de xisto, que se tornou popular nos Estados Unidos.

Como em todos os novos desenvolvimentos, é difícil prever todas as complicações que deles podem surgir e o importante é mover-se com cautela para evitar desapontamentos e catástrofes. Gás de xisto parece hoje uma panaceia nos Estados Unidos, onde o seu custo caiu dramaticamente, mas é temerário acreditar que esse sucesso se repetirá em todos os países, inclusive no Brasil.

Em compensação, as regiões tropicais do mundo têm um recurso natural de que as mais frias não dispõem: cobertura florestal e áreas enormes onde a agricultura se pode expandir. A energia que pode ser retirada de produtos agrícolas, como a do álcool de cana-de-açúcar, entre outros, é de fato enorme, como mostra o programa de etanol brasileiro.

A quantidade total de combustíveis fósseis situada abaixo do solo que existe no mundo é difícil de estimar, mas está entre 0,5 trilhão e 2 trilhões de toneladas. Destas, consumimos hoje 10 bilhões de toneladas por ano. A expectativa de duração dessas reservas é, portanto, de 50 a 200 anos, na melhor das hipóteses. Em contraste, a quantidade de madeira e de produtos agrícolas que se encontram acima do solo - e que são renováveis - é de cerca de 1 trilhão de toneladas. E se renova sempre.

A verdade é que é mais fácil, hoje, usar os combustíveis fósseis do que produtos florestais, e a razão principal para tal é que desde o século 19 todo o desenvolvimento tecnológico foi orientado para otimizar a sua extração do subsolo e o seu uso. Isso não foi feito ainda para a utilização da energia das florestas ou dos produtos agrícolas, mas é uma das direções em que se pode trabalhar e construir o futuro sobre ela.

Os combustíveis fósseis que usamos atualmente também se originaram de florestas (e de vida marinha e matéria orgânica dos oceanos), as quais foram soterradas centenas de milhões de anos atrás. A natureza encarregou-se de processá-las de forma a darem origem a esses combustíveis. Há poucas dúvidas de que o trabalho científico de hoje nos permitirá repetir o que a natureza fez no passado.

Muito mais produtivo do que tentar prever o futuro é construí-lo a partir do que sabemos hoje, e não consultar oráculos como o de Delfos, cartomantes, gurus e profetas. É isso o que a experiência da Scientific American nos tenta dizer.

Além disso, governos e fundações apoiam e premiam os avanços que nos conduzam a um desenvolvimento sustentável que se baseie no uso de fontes renováveis de energia. Neste ano de 2013, a Fundação Zayed, de Abu Dabi, que foi criada pelo esclarecido Sheik Zayed para premiar desenvolvimentos nessa área, atribuiu o seu prêmio principal ao autor deste artigo pelos seus trabalhos científicos sobre etanol de cana-de-açúcar, o maior dos programas de energia renovável do mundo logo depois da hidreletricidade.

A matemática é pseudociência?

Os critérios apresentados por David Marçal não permitem distinguir a ciência da pseudociência. Vejamos porquê.

1. A ciência é guiada por leis naturais;

A matemática não é guiada por leis naturais. Contudo, é científica. E a numerologia não é científica.

2. A ciência tem que ser explicável de acordo com leis naturais;

A matemática não é explicável de acordo com leis naturais, e no entanto é científica, ao contrário da numerologia, que não é científica.

3. Tem que ser verificável no mundo empírico;

A matemática não é verificável no mundo empírico, e no entanto é científica, ao contrário da numerologia, que não é científica. Grande parte da cosmologia não é verificável no mundo empírico, mas é científica e a astrologia não é. A arqueologia também não é verificável no mundo empírico. Por outro lado, a homeopatia é verificável no mundo empírico, assim como a astrologia; contudo, nem uma nem outra são científicas.

4. As suas conclusões são provisórias e não necessariamente a palavra final;

As conclusões da matemática não são provisórias, e contudo a matemática é científica. Já no que respeita ao espiritismo, por exemplo, muitas das suas conclusões não são a palavra final, mas é uma pseudociência.

5. Pode ser refutada.

A matemática não pode ser refutada, tal como alguns aspectos centrais da física e de outras ciências empíricas. Nunca vamos refutar o movimento da Terra nem que a água é H2O. Por outro lado, a astrologia é refutável, tal como a homeopatia. Não é difícil fazer experiências científicas e mostrar que a homeopatia não funciona.

Portanto, o David Marçal tem uma concepção demonstravelmente errada do problema do demarcação.

quarta-feira, 23 de janeiro de 2013

A diferença entre a ciência e a pseudociência é clara

Ao contrário do que diz Desidério Murcho, não há nenhum problema muito complicado de demarcação entre a ciência e pseudociência (em determinado momento poderá haver problemas muito localizados, que acabam por se esclarecer). As duas tem características distintas. A ciência é conhecimento racional e baseia-se em provas. A pseudociência baseia-se em figuras de autoridade (empossadas de “virtude intelectual”). Segundo uma decisão de um julgamento num tribunal americano no principio dos anos 80 do século XX (“McLean versus Arkansas”) as características da ciência são estas:

1. é guiada por leis naturais;
2. tem que ser explicável de acordo com leis naturais;
3. tem que ser verificável no mundo empírico;
4. as suas conclusões são provisórias e não necessariamente
a palavra final;
5. pode ser refutada

Isto aconteceu num julgamento a propósito do ensino das “ciências” da criação. Claro que não é um tribunal que define o que é ou não é ciência, mas neste caso o juiz interpretou bem as características do conhecimento científico e reflectiu-as na sua sentença (nem sempre acontece). Os seja, as “ciências” da criação não são ciência e não podem ser ensinadas nas aulas de ciência (ao contrário do que pretendia uma comissão de educação do Estado do Arkansas).

Imagino que Desidério ache isto uma coisa ditatorial e argumente que se há uma série de gente com “virtude intelectual” a estudar “ciências” da criação, não há razão para não se ensinar essas matérias nas aulas de ciência a par com a teoria da evolução. No entanto, essa gente com “virtude intelectual” não poderá encontrar uma estratégia eficaz de tratamento para a SIDA, porque para isso é necessário reconhecer que o vírus HIV está em evolução rápida (e não que saiu há 4000 anos da arca de Noé, em casalinho). E há uma diferença grande entre uma coisa e outra. E essa diferença está patente, por exemplo, no enorme aumento da esperança média de vida nos últimos 100 anos, nos países mais desenvolvidos. Não só por causa das avanços na medicina racional (vacinas, antibióticos, etc.) ao longo do século XX, mas por vários outros factores, como o aumento da produtividade agrícola (para o qual a ciência, nomeadamente a química, também deu um enorme contributo, a despeito de todas as danças da chuva e sacrifícios aos deuses das colheitas, em que gente cheia de virtude intelectual acredita).

Desidério também argumenta, a propósito das medicinas alternativas, que o exercício de qualquer actividade deve ser livre, desde que não prejudique terceiros. Estou de acordo. A questão é que, promover um tratamento que não funciona prejudica gravemente terceiros. Na Africa do Sul um charlatão chamado Mathias Ratth conseguiu convencer algumas autoridades do país de que os medicamentos anti-retrovirais eram a causa da SIDA e que uns suplementos vitamínicos por ele vendidos é que seriam um tratamento eficaz. Como resultado, estima-se que milhares de pessoas tenham morrido prematuramente. Isto não é prejudicar terceiros? Se o Estado regulamentar o exercício da profissão de “terapeuta vitamínico” para a SIDA isso não é pernicioso? Isso não contribui para induzir nas pessoas a ideia de que uma mistura de vitaminas é uma opção valida para tratar a infecção com HIV? Deve o Estado conceder uma carteira profissional a algumas pessoas, reconhecendo-as como capazes de administrar um tratamento que não funciona? E as profilaxias homeopáticas para quem viaja para regiões onde a malária é endémica? E vacinas homeopáticas que nenhuma imunidade oferecem? A homeopatia prejudica gravemente todos aqueles que, tendo um problema de saúde para o qual há um tratamento eficaz, optam (com base em informações erradas que lhes são transmitidas) em vez dele pela homeopatia.
Mas isto não prova que a homeopatia é pseudociência, pois também há muitas afirmações científicas que podemos provar cientificamente que são falsas, e na verdade fazemo-lo o tempo todo em ciência.

Isso é uma das coisas que caracteriza a ciência: Pontos 3, 4. e 5. A homeopatia não cumpre nenhum dos pontos. E a ciência não é um conjunto de afirmações. A ciência é o conhecimento e o modo de o obter.

Segundo, que a maior parte dos cientistas não tem virtude intelectual: limitam-se a seguir as receitas aprovadas pelo poder instituído, e seguiriam outras receitas se as suas bolsas e financiamentos a isso os obrigasse. A maior parte dos cientistas que segue um determinado procedimento laboratorial, por exemplo, não faz a mínima ideia por que razão se faz as coisas daquela maneira em vez de outra.

A maior parte? 51%? 75%? Isto baseia-se em quê? E a maior parte dos filósofos? E a maior parte dos polícias? E a maior parte dos taxistas? A carreira dos cientistas é altamente competitiva e os cientistas são sujeitos a uma selecção muito forte. Ser bom ajuda. Claro que há distorções, a ciência está longe de ser uma meritocracia perfeita. De qualquer forma, o conhecimento científico não assenta em figuras de autoridade. Isso é uma marca da pseudociência.
A conjunção destas duas ideias contraria uma ideia comum entre os militantes contra a pseudociência: que todas as pessoas que fazem pseudociência são trapaceiras e que todas as pessoas que fazem ciência são certinhas.
Não tem a ver com pessoas, tem a ver com ideias. Não faz sentido pôr a má conduta científica de alguns cientistas no mesmo saco que disciplinas que de científico nada têm. Um investigador pode conduzir um trabalho de investigação de forma viciada e até mesmo pouco ética. Isso é má conduta. E é grave. Mas não é equivalente à homeopatia, que por muito boa que seja a conduta não tem nenhuma base científica. Há pseudociência na ciência. Há falsa ciência por todo o lado, das correntes de emails à revista Nature. Há fraudes científicas. Mas não é por causa da fraude da fusão a frio que a física, como ramo do conhecimento, é uma pesudociência. A homeopatia é, em si, pseudociência. Os princípios em que se baseia estão errados, tal como se pode demonstrar. E os tratamentos não funcionam melhor do que um placebo, tal como se pode demonstrar. Por muito virtude intelectual que tenham os homeopatas.

Queiram todos os deuses que não chegue a muito mais velho, não fique muito doente... e, sobretudo, não fique pobre

Reprodução da fotografia de Taro Aso de Yoshikazu Tsuno/AFP/Getty Images
Muitas pessoas terão percebido que há um certo modo de pensar - ou de formatar o pensamento - a impor-se, não aqui ou ali mas em toda a parte. Não é um propósito novo, como novo não é o método usado para o alcançar.

Esse método, que podemos designar por mistificação, é tão perverso quanto perfeito. E é aplicado por especialistas, em quem o que haveria de humano não desabrochou, desapareceu, foi esquecido ou recalcado... mas dando-se a entender como razoáveis, sensíveis e amigáveis. Enganam, pelo menos até alcançarem os seus insondáveis fins...

Levam o mais comum dos mortais a aceitar e até a defender barbaridades, crendo que está a proceder bem, crendo, indubitável e honestamente, que não há outra via a não ser aquela em que foi instrumentalizado e em que, por sua vez, instrumentaliza outrem.

Conheço bem a mistificação na área em que trabalho, a educação. E devo admitir que tem sido muito bem conduzida, ao ponto prevalecer uma voz que tem tudo de doutrinal, sendo, nessa medida, irracional, indiscutível e, logo, inatacável.

Bandeira de vitória hasteada no campo da educação (onde, nestas guerras de manipulação, em geral, ocorre a primeira batalha, pela necessidade angariação de gente para outras que se seguirão), passou-se a outros campos, da política, do trabalho, da economia, etc. Um após outro, foram triunfalmente dominados e eis que chegámos ao último, que é também o mais delicado: a vida.

Há já algum tempo que os mistificadores insinuam que o "direito de viver" e o "dever de morrer" têm de se submetidos a regras, a critérios dado que a nossa presença ao cimo da terra e as contingências que a ela se associam, feitas as contas, nem sempre são rentáveis, podem mesmo sair caras, perturbando, dizem, a sustentação, o crescimento económico... algo deste género.

Vão minando e sempre avançando. Quando percebem que a sua voz, passou a ser "a voz", revelam-se tal como são: “Deus queira que (os idosos) não sejam forçados a viver até quando quiserem morrer”, “O problema não tem solução, a não ser que os deixemos morrer, e depressa", “o ministro da Saúde está consciente das despesas de saúde por paciente”, disse um deles (ver, por exemplo, aqui e aqui).

Estas palavras (e os actos a que conduzem) são do teor daquelas que Jacob Bronowski tão bem conheceu e denunciou. Numa imagem belíssima, o matemático, baixa-se para tocar na água de um fosso para onde foram deitadas as cinzas de quatro milhões de pessoas e murmura: "Isto é o que acontece quando as pessoas pensam possuir a verdade absoluta… Isto é o que os homens fazem quando aspiram ao conhecimento dos deuses..."

Nota: Em comentário, o leitor João Batista refere que a crónica de João Gobern de hoje, na Antena 1 da rádio, incidiu no mesmo tema. Vale a pena se ouvida com toda a atenção: aqui. Muito obrigada.

Ciência e pseudociência

O que marca a diferença entre a ciência e a pseudociência? Chama-se a isto o problema da demarcação. Do que conheço do debate, só com base em princípios filosóficos é possível fazer tal coisa. Não é possível ir a um laboratório e provar cientificamente que algo é pseudociência; tudo o que podemos fazer é mostrar caso a caso que uma e outra afirmação de uma dada área, como a homeopatia, é falsa. Mas isto não prova que a homeopatia é pseudociência, pois também há muitas afirmações científicas que podemos provar cientificamente que são falsas, e na verdade fazemo-lo o tempo todo em ciência.

O meu próprio pensamento sobre o que distingue a ciência da pseudociência é contrário a qualquer tentativa de encontrar diferenças cruciais que não incluam as atitudes das pessoas envolvidas. Claro que há diferenças metodológicas, mas a ideia de que há um método, separado da maneira como as pessoas o usam, que seja próprio da ciência, parece-me uma ingenuidade. Nenhum método há que não possa ser transfigurado pela crendice e tolice humana, e é por isso que a numerologia parece usar os métodos da matemática, a astrologia da astronomia, a alquimia da química, e a homeopatia da medicina. Do meu ponto de vista, não há maneiras puramente metodológicas para fazer a demarcação entre ciência e pseudociência. O que faz a diferença é haver nessa área um conjunto vasto de pessoas que se esforçam conscientemente por serem epistemicamente virtuosas. Dizendo isto de maneira menos pomposa: pessoas que se esforçam genuinamente por distinguir o falso do verdadeiro, e que não estão só a tentar confirmar as ideias que já tinham antes. Este critério é vago, mas põe as pessoas e as suas atitudes no centro do problema da demarcação.

E tem a vantagem de não enfiar a história, a matemática, a arqueologia e a cosmologia no saco da pseudociência. Se dissermos que é ciência o que for empírico, a matemática é pseudociência. Se dissermos que é ciência o que podemos provar no laboratório, a cosmologia é pseudociência, assim como a história. Se dissermos que é ciência o que podemos observar, a cosmologia é pseudociência, porque quando estudamos o que ocorreu três milissegundos depois do Big Bang, estamos a estudar o que nunca poderemos observar. Etc.: para todas as tretas que se lê por aí por parte de cientistas quando querem explicar ao povão o que diferencia a ciência da pseudociência há contra-exemplos óbvios no seio da própria ciência. Geralmente, esses cientistas limitam-se a repetir ideias simplistas que aprenderam no segundo ano da licenciatura, e que nenhuma relação tem com um estudo histórico e filosófico sério do que distingue a ciência da pseudociência: é puro mito escolar.

Qual é a moral desta história? A moral é que devemos ter uma atitude aristotélica e preocuparmo-nos mais com a virtude intelectual do que com supostos métodos simplistas que tudo explicam. Ora, quando o fazemos, descobrimos duas coisas curiosas. Primeiro, que apesar de práticas como a astrologia, o espiritismo ou a numerologia carecerem em si de um número significativo de pessoas intelectualmente virtuosas, algumas dessas pessoas são-no. Nada impede uma pessoa de estudar estas coisas virtuosamente, e se o fizer não é óbvio que descubra em meia-hora que tudo aquilo é pseudociência por carecer de virtude intelectual. Segundo, que a maior parte dos cientistas não tem virtude intelectual: limitam-se a seguir as receitas aprovadas pelo poder instituído, e seguiriam outras receitas se as suas bolsas e financiamentos a isso os obrigasse. A maior parte dos cientistas que segue um determinado procedimento laboratorial, por exemplo, não faz a mínima ideia por que razão se faz as coisas daquela maneira em vez de outra.

A conjunção destas duas ideias contraria uma ideia comum entre os militantes contra a pseudociência: que todas as pessoas que fazem pseudociência são trapaceiras e que todas as pessoas que fazem ciência são certinhas. A natureza humana é demasiado complexa para se reduzir a estes simplismos — feliz ou infelizmente, não sei.

A Matriz Elétrica e Energética Brasileira:Problemas e Desafios!

Veja detalhes deste assunto que preocupa o Brasil e o mundo na série Física para Universitários:

EU NÃO QUERO UM RINGDING



Minha crónica no "Público" de hoje:

Neste mundo comandado por máquinas, torna-se cada vez mais difícil ser humano. Vivemos em liberdade condicional, vigiados em todo o lado por essas pulseiras electrónicas que são os telemóveis. Somos inopinadamente dados como culpados de qualquer coisa e a pulseira lá está para não fugirmos. Fui no outro dia interpelado por um SMS da minha operadora de telecomunicações que me avisava de uma suposta dívida para com ela:

[P/ evitar suspensao da conta v devera liquidar o valor vencido de x ate ao dia y. MB/Ent w /Ref  z /Imp. x]  
 Reproduzo como recebi, com abreviaturas e sem acentos (este é que é o verdadeiro acordo ortográfico que nos estão a impor!), apenas com as letras v a z a substituir números. Ignorei a mensagem, uma vez que tinha dado autorização para cobrança automática pelo banco. Mas, quando a intimidação reapareceu, não me fiquei. Embora ciente de que era uma máquina e esta é incapaz de uma conversa, resolvi tentar uma aproximação, imitando-a nas abreviaturas e na falta de acentos:

[Os senhores tem autorizacao para cobrar do meu NIB. Façam-no pf.]

Recebi a resposta na volta do correio:

[A sua ultima factura no valor de x tem data limite de pagamento até ao dia y. Aceda tambem, gratis, apoiocliente. O valor vencido tem a entidade w e a referencia z.]

A máquina era teimosa, mas notei alguma abertura: “factura” tinha um c como eu gosto, “gratis” embora sem acento vinha delicadamente envirgulado e os “Ent.” e “Ref.” anteriores vinham agora descodificados. Até o “até” tinha, aleluia, um acento agudo. O caso não seria grave. Usei a paciência:

[Repito: Podem levantar no NIB indicado. Por que nao o fazem e pretendem criar uma questao inexistente? Um cliente descontente.]

Só depois de a ter enviado é que me apercebi que a minha prosa rimava no final. Não gostei e a máquina, fiquei logo a saber, também não:

[Nao foi possivel identificar o seu pedido. Utilize palavras chave como pontos, saldo, tarifarios, etc. Mais informacoes em apoiocliente.]

Só o uso de senhas como “saldo” e “tarifários” em vez de “cliente descontente” me abriria portas. Cogitava eu na moderna semiótica quando recebi um SMS muito jovial:

[Enquanto nao atendes, da musica aos teus amigos. Liga gratis e escolhe 1 RingDing gratuito: Rihanna, Psy, Florence and the Machine, etc.]

Estavam a dar-me música, tratando-me por tu, mas eu não queria um “RingDing”, seja lá o que isso for, nem tamanha familiaridade. Comecei a ficar irritado:

[Por favor parem de me mandar mensagens anonimas. Eu estou identificado.]

Resposta lesta:

[Prefere escrever q falar? Envie SMS p/ qq rede. P/ Tarifas envie sms com o seu Tarifario. Consulte + info, gratuitamente, em apoiocliente.]

Sim, nestes assuntos prefiro escrever do que falar, uma vez que, das poucas vezes em que recorri a callcenters, a conversa foi de surdos. Perante uma situação particular, repetiam-me fórmulas gerais. Não sei se, do outro lado, há máquinas a imitar seres humanos ou seres humanos, mal pagos, a imitar máquinas (um amigo meu que passou por lá assegura-me que é esta última). Despedi-me:

[Por favor não insistam em enviar-me mensagens sem nexo.]

A réplica foi:

[Comunique Mais, envie sms c/: Aditivo FimdeSemana, Aditivo SMS; Aditivo Rede Fixa, Aditivo Internacional, Aditivo Internet.]

Mas não comuniquei mais por aquele meio. Enviei antes emails para o dito “apoiocliente”. Quiseram primeiro testar-me a ver se eu era uma máquina como eles, exigindo-me um reconhecimento óptico de caracteres. A resposta demorou, mas voltou a ser maquinal. Tentaram vencer-me pela exaustão. Era mesmo assim. Não queriam cobrar pelo banco, eu teria de pagar pelo multibanco. O máximo que consegui foi o encaminhamento para um “Departamento de Controlo de Qualidade”. O problema devia estar aí: a qualidade era controlada, no sentido de a impedir.

O que se tinha passado? Eu tinha comunicado à operadora a mudança do meu NIB, mas a máquina dela tinha uma relação estável com a máquina do meu ex-banco. Recusava-se a mudar. Para mostrar a sua obstinação, a máquina “cortou” mesmo comigo, desligando-me no anunciado dia  y o telemóvel. Procurei, numa loja, um ser humano, para lhe dizer que ia mudar de operadora. Nesse representante da espécie humana encontrei finalmente um assomo de humanidade. A pessoa, temendo talvez o desemprego, pediu desculpa pelo sucedido, que eram “automatismos”, que havia um erro e que me iam indemnizar. Automatismos? Formatados pelas máquinas, esquecemo-nos que, pelo menos por enquanto, ainda somos nós que as formatamos.

terça-feira, 22 de janeiro de 2013

Ver a substância dos genes


Crónica primeiramente publicada na imprensa regional protuguesa.




Olhe para a sua mão. 

Cada uma das células da sua pele contem informação genética que herdou dos seus pais. Assim como uma ou outra ruga, escrita na sua pele pelo estilete vida, também essa informação genética foi de certa forma modelada pela sua interação com os lugares por onde o leitor passou, os ares que respirou, a comida que ingeriu, as emoções que viveu.

No núcleo de cada uma dessas células (assim como as de todo o corpo, mas excluindo as células reprodutivas) existem 46 cromossomas agrupados aos pares: cada um dos 23 que herdou da sua mãe emparelhou, desde a fecundação que lhe deu origem, com os homólogos 23 que recebeu do seu pai.



Cada cromossoma contém os genes onde estão inscritas as informações para a forma da sua mão, assim como para as proteínas fotoreceptoras que estão na sua retina e que permitem que esteja a ler este texto. De resto, os 46 cromossomas contêm a grande maioria dos genes que instruem a maquinaria proteica para ser o que somos na nossa relação com o ambiente e com os outros seres que coabitam connosco nesta lágrima de tempo que é a nossa existência.

Escrevi a grande maioria porque nem todos os genes que nos permitem a vida estão nos cromossomas dos núcleos celulares. Cada célula possuiu inúmeros organelos chamados mitocôndrias, que herdamos por via materna e que possuem, cada uma, um cromossoma com genes também com informação preciosa para a nossa vida. Bem preciosa até porque as mitocôndrias são autênticas centrais energéticas e metabólicas dentro das células.

Mas voltemos aos cromossomas. Eles são uma complexa estrutura composta por uma longa molécula de ácido desoxiribonucleico, vulgarmente designada por ADN, e por diversas proteínas com diversas funções.
 
Desde os trabalhos de James Watson, Francis Crick, Rosalind Franklin e Maurice Wilkins, nos primeiros anos da década de cinquenta do século XX - que culminaram com a resolução da estrutura do ADN - que construímos e desenvolvemos a genética e biologia moleculares modernas assentes numa hélice dupla para a molécula dos genes.

Comemoram-se em 2013 os 60 anos da descoberta dessa estrutura em dupla hélice para o ADN das nossas vidas. Foram 60 anos de avanços inigualáveis na compreensão de como a vida se organiza e funciona. Em 1953, a estrutura foi desvendada a partir da técnica da cristalografia por difracção de raios X.



Cristalogarfia por difracção de raios X de um cristal de um sal de ADN.


O padrão registado na "radiografia" efectuada por Rosalind Franklin de um determinado cristal de ADN é ainda hoje um ícone, mas a sua interpretação requer um conhecimento especializado. Os nossos olhos não conseguem fazer a transposição entre essa imagem e a da dupla hélice. Mas o modelo proposto por Watson e Crick foi fundamental para a revolução genética a que assistimos nas últimas seis décadas.


Esquema para a dupla hélice de ADN


60 anos depois, o avanço na nanotecnologia e da microscopia electrónica permitiu, finalmente, “ver” e confirmar a estrutura em dupla hélice para o ADN. Investigadores do Instituto Italiano de Tecnologia liderados por Enzo di Fabrizio publicaram na revista “NanoLetters as novas imagens por eles obtidas e que o leitor pode ver a seguir.


Microscopia electrónica de varrimento de uma molécula de ADN. Os passos sucessivos da hélice estão assinalados pelas setas vermelhas. Créditos Enzo di Fabrizio.

O aspecto mais compacto da dupla hélice aqui visto é o esperado para a molécula de ADN desidratada, com uma distância entre cada volta ou passo da hélice (entre as setas) de 2,7 nanómetros (1 nanómetro = mil milionésimos de metro). 

Apesar de não corresponder ao que se espera ser a sua conformação nas condições fisiológicas existentes no interior dos cromossomas no núcleo das células, é preciso recordar que o sal de ADN utilizado por Rosalind Franklin para cristalizar o ADN e que levou à proposta por Watson e Crick da sua estrutura helicoidal, também não se encontrava em condições fisiológicas. 

E, contudo, desenvolveu a ciência numa espiral sem precedentes de novos conhecimentos sobre a vida.

António Piedade

Cornell NYC Tech: Uma Universidade dedicada a inovação e tecnologia


Folha de São Paulo,20/01/201; Autor: Raul Juste Lores de Nova York
 
Em Nova York, o setor financeiro perdeu mais de 40 mil empregos desde a crise de 2008. Outras indústrias fundamentais para a cidade, como a editorial e a fonográfica, a de mídia e o varejo, enfrentam um momento ruim, graças à concorrência da internet. 

Enquanto isso, o Vale do Silício, vizinho a São Francisco, e a região de Boston-Cambridge, que abriga o prestigiado MIT (Massachusetts Institute of Technology), vivem um boom econômico produzido por milhares de start-ups --nome dado às empresas iniciantes--, sem mencionar o auge de gigantes da tecnologia, como a Apple, o Google e o Facebook. 

Nova York percebeu então que precisava se tornar um polo tecnológico. 

Em parte para se reinventar mas também para salvar suas indústrias tradicionais, a cidade decidiu que o primeiro grande passo para competir com o Vale do Silício seria criar sua própria versão do MIT: uma universidade que se direcionasse para a tecnologia, habilitada a formar os pesquisadores e a mão de obra para indústrias que talvez ainda não existam hoje. 

A gestação do MIT nova-iorquino começou com um concurso promovido pelo prefeito Michael Bloomberg: à universidade que apresentasse o melhor projeto, a prefeitura cederia um terreno de 45 mil metros quadrados na Roosevelt Island, vizinha a Manhattan, além de oferecer um aporte de US$ 100 milhões para gastos com infraestrutura. 

Houve candidaturas de 18 propostas de quase 30 universidades de 9 países. Com a recusa do MIT de Boston em participar, Stanford se transformou na favorita --foi das salas de aula da universidade californiana que saíram os fundadores de Google, Yahoo, HP, Sun e PayPal, além de boa parte das diretorias da Apple, do Facebook e da Microsoft. 

Mas o consórcio entre a tradicional Universidade Cornell, de Ithaca, no Estado de Nova York, e o instituto tecnológico israelense Technion, de Haifa, ofereceu rapidez --as aulas começariam um ano antes do que previam os demais concorrentes-- e garantiu financiamento imediato para começar o novo campus, além dos US$ 100 milhões da prefeitura. 

A vantagem se definiu uma semana antes da data em que Bloomberg anunciaria o vencedor, em dezembro de 2011, quando um ex-aluno de Cornell, o bilionário Charles Feeney, criador da rede Duty Free Shops, doou US$ 350 milhões à instituição. A doação, uma das maiores já feitas por um indivíduo a uma universidade no mundo, foi integralmente para o projeto. 

A primeira fase do campus desenhado pelo arquiteto Thom Mayne para o Cornell NYC Tech deve ser inaugurada na Roosevelt Island em 2017 --na próxima década, a nova instituição deve alcançar os números de 2.500 alunos e 300 professores. O investimento nos próximos 15 anos chegará a US$ 2 bilhões. Mas, como Nova York tem muita pressa, as aulas não vão esperar. A prefeitura e o consórcio vencedor assinaram uma parceria com o Google para criar uma sede provisória do campus em Manhattan. 

A instalação temporária funcionará num edifício que ocupa um quarteirão inteiro nas proximidades do parque High Line, no bairro do Chelsea. O gigante dos mecanismos de buscas comprou o imóvel dois anos atrás, por US$ 2 bilhões, e alugou 2.500 metros quadrados de um de seus 15 andares ao consórcio, por um período de cinco anos. Os alunos, todos pós-graduandos, começam a frequentar as aulas no final deste mês --certamente sob os olhos atentos de boa parte da comunidade acadêmica internacional. 

DO ZERO
Caminhando pelo vasto andar do Google ainda vazio, com apenas dez funcionários, Dan Huttenlocher, 54, sonha alto. Ele foi nomeado em março passado reitor do novo campus. Professor de Ciência da Informação, Computação e Negócios em Cornell desde 1988, Huttenlocher tem como tarefas a criação do currículo e a seleção dos professores --em resumo, inventar praticamente do zero a tal universidade do futuro. As expectativas são altas. 

Há um ano, ao apresentar o consórcio Cornell-Technion como vencedor do concurso que originaria o Cornell NYC Tech, o prefeito Michael Bloomberg --ele mesmo um bilionário da tecnologia e da mídia-- afirmou acreditar que a criação da nova universidade ajudaria Nova York a se tornar mais rapidamente "o centro do universo digital". 

Se, no momento, parece que cada jovem americano brilhante, da economia à engenharia, quer aprender a fazer códigos de software e criar a enésima rede social para tentar se tornar o novo Mark Zuckerberg, o que Huttenlocher pensa em lecionar no novo campus? Algo que não envelheça como, digamos, um Orkut? 

Ele diz que o programa se erguerá em torno grandes focos: vida mais saudável; ambiente construído --termo que designa não só arquitetura e planejamento, mas aspectos urbanos na escala mais reduzida do bairro, do quarteirão ou da rua--; e mídia conectiva --aquela que interage com redes sociais e na qual as fronteiras entre emissor e receptor se encontram em dissolução. 

"Iremos da pesquisa científica sobre corpo ao uso de sensores e radares para construções mais sustentáveis e às novas mídias --não só redes sociais, mas as formas de nos comunicar, consumir e compartilhar informação." 

Não à toa, os focos se relacionam a três das maiores indústrias da cidade: medicina, mídia e construção e planejamento urbano. O jovial Huttenlocher vai explicando outras singularidades do projeto: "Não teremos departamentos, haverá cada vez menos barreiras de comunicação, será um ambiente aberto". 

Ele contratou Greg Pass, ex-diretor de tecnologia do Twitter, para chefiar o escritório de empreendedorismo do campus --instância responsável pelas futuras empresas que nascerão com os estudantes. "Todo aluno terá um orientador e um mentor da indústria, que esteja no mercado de trabalho.

Todos farão estágio como aprendizes. Quatro dias por semana serão de aulas técnicas, e um, só de prática", discorre. 

Empresas serão convidadas a ter centros de pesquisa e desenvolvimento dentro do campus.

"Quero laços muito diretos entre empresas, professores e alunos. No passado, a pesquisa gerava interesse comercial entre as empresas. Hoje em dia, também acontece o caminho inverso; acadêmicos se debruçam sobre desafios empresariais --o interesse comercial gera pesquisa", diz. 

No Brasil, doações de empresas a universidades ainda podem ser mal recebidas por alunos e professores; mas essa parceria entre iniciativa privada e academia é bem-vista em Nova York. "Acadêmicos curiosos querem trabalhar com problemas reais, ter acesso a dados que as empresas possuem e que não estão ainda na universidade", afirma. 

Em sua carreira, o próprio Huttenlocher mistura esses dois mundos. Ao longo de mais de 20 anos lecionando em Cornell, tirou várias licenças para comandar pesquisa na Xerox, criar empresas de tecnologia e trabalhar em áreas que vão da análise de redes sociais a robótica avançada para veículos autônomos. 

Questionado sobre a concorrência --poderosa em biologia, química e engenharia elétrica do MIT, onde surgem alguns dos maiores laboratórios farmacêuticos do mundo, e em softwares e redes sociais de Stanford-- o reitor busca uma "terceira via". 

"Queremos desenvolver nossa própria marca de tecnologia. O Vale do Silício [onde fica Stanford] é uma potência, mas é cercado de empresas de uma mesma área. Nova York tem grandes redes de televisão, jornais e revistas, editoras, teatros, produtoras. É um polo de medicina, de finanças, de planejamento urbano. Todas essas indústrias estão sendo transformadas pela tecnologia", diz. 

Para Huttenlocher, o Cornell NYC Tech pode construir um "engajamento profundo com essas empresas, com os clientes, com quem usa" e ocasionar "um grande impacto na transformação dessas indústrias". 

Para tanto, os docentes da nova universidade devem preencher uma série de qualidades superlativas. 

"Quero gente do mais alto nível acadêmico, que busque a pesquisa mais inédita, que sonhe com sucesso comercial, mas que queira causar impacto social. Há um número crescente de professores que pensam na tecnologia sem fins lucrativos, que se comprometem com grandes causas, e seria ótimo tê-los aqui." 

NA BRIGA
Mesmo derrotadas por Cornell, as duas maiores universidades de Nova York, Columbia e New York University (NYU), não desistiram da briga para abreviar o atraso tecnológico da cidade. Columbia planeja a criação de um Instituto para Ciências de Dados e Engenharia, e a NYU anunciou a construção, no miolo do Brooklyn, do Centro para as Ciências Urbanas e o Progresso, voltado para urbanização, gerenciamento de energia, trânsito, segurança e sustentabilidade. 

Outra parceria público-privada, bancada por empresas de tecnologia, como a Accenture, e bancos, como JP Morgan, Credit Suisse e Bank of America, promove concursos para start-ups de tecnologia que inventem serviços financeiros. Além de verbas de pesquisa, elas têm direito a mentores e encontros com diretores dos grandes bancos. 

A vontade de replicar o Vale do Silício vai bem além das fronteiras dos EUA. Em Skolkovo, na Rússia, um projeto bilionário procura criar um polo tecnológico rigidamente controlado. Cingapura está tentando o mesmo. No Brasil, localidades de diferentes escalas, do Recife a Campinas, de Belo Horizonte ao gaúcho Vale dos Sinos, sonham em ser o berço de novas empresas de ponta. O exemplo de Nova York demonstra que a competição está apenas no começo. E, assumindo o tamanho ainda bem modesto de seu polo, a cidade se autoatribuiu a alcunha de Sillicon Alley --beco do silício".

segunda-feira, 21 de janeiro de 2013

Duplo desaparecimento prematuramente anunciado



Extracto do livro "Do Livro e da Cultura", de  Gil Jouanard, com tradução, introdução e notas de Miguel Graça Moura, que acaba de sair na Gradiva:

"Dois mal-entendidos vieram obliterar, e de certa maneira dramatizar, o lancinante debate sobre o futuro do livro e o devir da literatura.

Enquanto suporte e vector de informações, resumo, utensílio de aprendizagem, instrumento pedagógico, via portátil de evasão onírica, o objecto livro chegou de facto tardiamente ao campo onde, desde há dezenas de milénios, se desenvolvem as aptidões cerebrais do ser humano. Foi, de resto, por intermédio da oralidade que o Homo sapiens sapiens conseguiu o domínio mental e a seguir físico do mundo visível; mas também que pressentiu a existência de uma vertente invisível, impalpável mas activa, desse mesmo universo.

Este estatuto interino assumido pelo livro enquanto vector, receptáculo e instrumento propagador de saberes, de intuições, de elucubrações e de fantasmas fundava a sua legitimidade no pressuposto segundo o qual «as palavras apagam-se, os escritos ficam».

Segundo o mesmo princípio, a comodidade e a busca de eficácia encontraram utensílios muito mais fiáveis, menos aleatoriamente tributários do grau de perícia e de domínio do utilizador, para desempenhar o papel ao mesmo tempo pragmático e especulativo (mas também tranquilizador) de vade mecum, de jornal, de memória para todos os usos: a informática e a electrónica propõem uma impecável versão sofisticada do canivete suíço para uso cerebral.

Não duvidemos também do facto de que esta nova prótese saberá rapidamente concorrer com (se não suplantar) a leitura livresca, progressivamente relegada para o baú das antiguidades nobres e sentimentais.

De resto, muitos bibliotecários já se adiantaram a este movimento ao renunciarem ao uso do belo prefixo vindo da Antiguidade, esse biblios portador de usos subtis, para adoptarem uma outra raiz inaugural, tão pragmática como era o espírito dos romanos: o medium, utilizado aliás na sua forma plural media, que em latim significa ao mesmo tempo mediano e medíocre.

A causa está, pois, proclamada: ensinar, informar e mesmo divertir (todas preocupações excluídas por Hölderlin da panóplia das tarefas atribuídas aos poetas) serão, cada vez mais frequentemente, e talvez em breve exclusivamente, assunto de «suportes» dotados de inesgotáveis aptidões, extensíveis, combináveis entre si, com a informação a substituir-se resolutamente à formação individual e à quota-parte de iniciativa aleatória.

Todavia, não duvidemos de que os recursos de paciência, de lentidão fértil, de sensualidade táctil e epidérmica, mas também visual, que as páginas dum livro encerram, encontram diante de si um belo futuro: aquele que é reservado às coisas raras, às práticas cuja natureza supostamente elitista se oferece a quem lhe sabe reconhecer e adoptar as subtilezas, fundadoras da parte mais fértil do húmus humano (esse húmus que privilegiará sempre os acentos da viola da gamba em relação aos da música sintética).

Leremos, pois, tal como os amantes amam acariciar-se em segredo: no retiro luxuoso, na calma e na volúpia das Pequenas Bibliotecas Privadas — esses poderosos e afectuosos marcadores da identidade individual.

É certo que muitas vezes já não se irá procurar nos livros aquele saber e aquela «evasão» lúdica que são servidos abundantemente nos self-services de multimédia. Mas continuar-se-á a ir descobrir neles a poesia e o pensamento requintado, personalizado, voluntariamente atípico, aquele que, fora da norma globalizante, permanecerá como fruto e sabor das palavras do acaso que nenhum sistema conseguiria programar porque surgem de improviso, às vezes até de um lapsus generoso — palavras cujo sentido varia de um leitor para outro, às vezes de um instante para outro, ao sabor daquele não-dito que as atravessa e daqueles subentendidos que as fazem tremer.

Por outro lado — segundo mal-entendido e corolário da «fatalidade» histórica — ouve-se dizer que a literatura está a morrer, que já não há tantos grandes romancistas nem tantos leitores como no passado.

Para além do facto de que estas asserções sumárias ganhariam em ser submetidas à prova do estudo cuidadoso e colocadas na escala da extensão dos tempos modernos (isto é, os que decorrem desde o século XVII, investigando quem lia, no tempo deles, Descartes, Racine, La Fontaine, Voltaire, Diderot, Chateaubriand, Baudelaire...), vai sendo tempo de constatar esta evidência estranhamente iludida: o consumo das obras de ficção romanesca decresceu à medida que se foi confirmando a aptidão da imagem móvel para se encarregar dos recursos propostos pelo imaginário (isto é, a sua magnífica capacidade para contar, evocar, narrar, descrever, e até sugerir...).

A tal ponto que a vocação de um Balzac, um Flaubert, um Zola, hoje, teria sido sem dúvida a de recorrer às fabulosas aptidões objectivas desses utensílios (que não o são mais do que o era uma pena ou, mais recentemente, uma máquina de escrever). Melhor ainda: sem dúvida eles encontrariam aí a ocasião de ampliar e aprofundar ainda mais o campo da sua investigação, mas também de tornar mais sensível a densidade da sua percepção sensorial. Em contrapartida, para o escritor e o leitor doidos por acasos linguísticos selvagens e solicitações polissémicas íntimas — a que a história ou o conto só dizem respeito em segunda instância —, a escrita ao nível altivo da mão e a leitura à queima-roupa, ferozmente pessoal, — e portanto o livro — conservam uma esperança de vida sem dúvida tão longa como a da espécie humana, que elas de perto representam."

Esta literatura de proximidade ter-se-á provavelmente afastado da preocupação de contar, de produzir frescos históricos, de fornecer explicações, de misturar acontecimentos. Terá voltado a ser o que tinha sido desde a sua origem: um modo de habitar e tornar- se a própria realidade.

Assim, o livro do futuro já não será sem dúvida factual nem pedagógico nem recreativo: será existencialmente o lugar por excelência da emergência de instantes autónomos e irredutíveis, a que cada um irá colher a energia para realizar a sua própria revolução interior, a sua marcha lenta em direcção a si mesmo, a sua peregrinação à sua própria emancipação, a sua prova de auto-superação permanente. Mas, com efeito, alguma vez a literatura foi outra coisa?

Breviário de um Repúblico



Extracto, referente ao dia 21 de Janeiro, do livro "Breviário de um Repúblico", de José Adelino Maltez, um "diário" que acaba de ser publicado pela Gradiva:

21 Janeiro

Guilhotinado Luís XVI em 21 de Janeiro de 1793. Corte chega ao Brasil (1808). Morte de Lenine (1924). Morte de George Orwell (1950). Henrique Galvão e a sua equipa começam o assalto ao Santa Maria (1961).

Ciência de princípios Aquilo que, para muitos, pode parecer poética ambiguidade, ou erudita vaidade, na pesquisa do interdisciplinar, constitui uma exigência íntima nascida da procura de uma ciência de princípios que rejeita as rupturas epistemológicas da chamada modernidade cientificista, ou deicida, e não desdenha da complexa especialidade em assuntos gerais (2007).

Filosofia prática Gostaria de poder ser desafiado pela existência em Portugal não só de uma filosofia prática, capaz de fazer comunicar a moral, o direito, a política e a própria teologia, como também de metateorias propiciadoras de uma aliança metodológica entre as chamadas ciências da natureza e as chamadas ciências da cultura, a que muitos chamam teoria dos sistemas gerais e outros, nova hermenêutica, as do pós-positivismo (2007).

O direito, a política e a justiça Sinto o apelo para a reconstrução de uma ciência da polis capaz de procurar o bonum honestum, essa união de esforços que, entre outras coisas, investigue a paz pelo direito, a moralização da política, o reencontro do homem com o cosmos, e, quiçá, a religação com Deus (2007).

Justiça O direito, a política e, consequentemente, a ciência jurídica e a ciência política são filhos de uma unitária ciência da polis, mobilizada em torno de um valor supremo: a justiça. Assim, todos aqueles que procuram ser fiéis às raízes greco-latinas da liberdade europeia e se assumem como herdeiros tanto do humanismo cristão como do humanismo laico do ius publicum europeu não podem deixar de cultivar esses terrenos de fronteira (2007).

Juridificação da política O próprio Estado de Direito, quando proclama que o direito é o fundamento e o limite do poder, exprime essa necessária mobilização entre todos os que estudam os problemas do direito e do político e tendem a professar a deontologia justicialista que deles emana. Parafraseando Blandine Kriegel, podemos dizer que, em virtude da interpenetração entre o direito e a política, porque o direito quer juridificar a política e institucionalizar o poder, eis que o jurista encontra a política quando procura o direito, tal como o politólogo depara com o direito quando procura a política, pelo que urge pensar a política em termos de direito e descobrir que a mesma política é objecto do direito (2007).

Cosmos Aquilo a que muitos hoje chamam direito era, na Grécia antiga, identificado com a política, isto é, que o poder organizado, numa boa socie21 dade, tem necessariamente de ser ordenado por um direito que seja superior ao poder. Talvez haja uma homologia entre o direito, a política e o próprio sagrado. Porque todos procuram uma ordem que os unifica, a ordo rerum, o kosmos. Norteia-os, com efeito, aquela base neoclássica que tenta decifrar o mistério das tais ordens que emergem de processos autoconstituintes residentes no interior das sociedades. Tem sempre presente que não és responsável pelo mal que fizeres, mas pelo bem que deixaste de fazer. Faze o bem pelo amor do próprio bem (2007).

E SE VOLTÁSSEMOS À DOCIMOLOGIA, OU SEJA, À CIÊNCIA DOS EXAMES?

  Em texto que antes publiquei sobre a infindável tragicomédia em que se tornou a classificação dos exames nacionais, disse que ela não se d...